Ver cine en exceso es una afición que puede acarrear, entre muchos otros, TRES GRANDES MALES:
1. Locura: Problemas para discernir realidad y ficción, distorsiones perceptivas, alteraciones de conciencia… Lo mismo que don Quijote con la sobredosis de novelas de caballerías. Es el menor de los tres males, aunque por desgracia suele ser la antesala de problemas más importantes.
2. Convertirte en cineasta wannabe: suena estúpido, pero a alguna gente le pasa. Envalentonados por los paraísos artificiales provocados por la LOCURA se lanzan cual berserkers a crear sus propias “películas”.
Una enfermedad patética y humillante, un calvario psicológico tanto para el que la padece como para los que le rodean.
3. Convertirte en crítico de cine: el mal definitivo. A grandes rasgos se pueden discernir dos modalidades la grave y la mortal:
-Grave: es el crítico que ha llegado directamente desde la fase uno. Vive en un delirio de grandeza constante, considera que puede juzgar con criterio la corrección de un plano a pesar de no tener ni la mínima noción de fotografía (le basta con haber visto Ciudadano Kane). También se atreve a realizar proezas como analizar, siempre con frases hechas, los problemas narrativos de un guión, sin saber ni como se escribe un relato corto (dice que es suficiente con haber visto algo de Mankiewicz o Wilder).
A pesar de todo, tuvo la energía para mantener los pies en el suelo y no intentar nunca hacer cine directamente, gracias a lo cual puede ser feliz viviendo en su alucinado mundo de dios de las artes.
-Mortal: es la pobre criatura que ha llegado a crítico después de una fase “cineasta wannabe” mal curada. El cine es para él la mítica calientabraguetas, la musa que le prometió el cielo y acabó dejándolo en una cuneta mientras se iba con otro. Por todo ello, ODIA el cine. Sí, sigue viendo películas y escribe sobre ellas, pero siempre desde el resentimiento, como un retorcido ritual sadomasoquista. Como el chaval que con el corazón recién destrozado mata las horas espiando en Facebook la feliz vida de su exnovia con su nueva pareja. Por eso siempre atacarán con crudeza el cine contemporáneo sea bueno o malo, porque ellos deberían ser los elegidos pero el cine, esa MALA PUTA, se ha ido con otros. Le ha dado fama, dinero y prestigio a todos menos a él que era el que más la quería. Y ahora, mientras otros hacen pelis él sólo puede refunfuñar y refunfuñar, eternamente…
Por todo ello nunca debemos hacer caso a los críticos. Son enfermos mentales. Nadie, salvo sus psiquiatras
debería escucharlos o darles coba.
Sigan este consejo, ya no sólo por su propio bien sino también por el de los enfermos.
Si cree que usted mismo está enfermando y transformándose en uno de estos monstruos acuda cuando antes al Centro Psiquiátrico Santa Pretenciosidad y pida consejo.

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