Mi memoria cronológica es un absoluto desastre. El pasado onimaquiano no es más que un montón de papeles garabateados sobre la mesa sin ningún tipo de orden ni concierto. Un batiburrillo perezoso al que las fechas jamás se han atrevido a acercarse.
Sería terrible llegar a viejo y no poder decir aquello de "allá por el año 20XX estaba yo en.... cuando..."
Bueno, en realidad lo VERDADERAMENTE terrible sería llegar ese tipo de viejo, pero hoy tengo el capricho de marcarme un memorándum.
2011
El año en que volvió a imperar la fórmula mágica del 2=1
El año del verano perpetuo.
El gran año del SCRABBLE y los sueños eróticos con "zarzaparrilla".
El año en que llamados por la "revolución" nos lanzamos a la calle para redescubirir que no hay mejor revolución que encerrarnos en casa.
El año en que el dubstep nos acarició los oídos y las tripas.
El año en que "patinar" adquirió el más sublime de los significados.
El año en que pusimos copas.
El año en que jugamos a DJs.
El año de la herencia maldita.
El año en que pactamos no tener un trabajo serio.
El año en que conocimos a muchas personas que ya sabíamos que conoceríamos.
El año en que el cine dejó de molar.
El año en que hicimos fiestas.
El año de la sagrada fundación de la Santísima Trinidad de Dionisio y las nuevas fórmulas mistéricas.
El año en que Walter White, Jesse Pinkman y Gustavo Fring volvieron a satisfacer nuestras expectativas.
El año que volvimos a Ortigueira.
El año en que nos volvimos a reír de "la fiesta de la democracia".
El año en que vimos a Die Antwoord.
El año en que la figa se rompió de tanto usarla.
El año de la extinción de los sabaderos.
El año en que puede que no se celebre Fin de Año.
El año que no me importaría revivir el año que viene, y el siguiente y el próximo, y el siguiente y el próximo, y el siguiente y el próximo...

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